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Iglesia de Parcohailla

Localización: 
Arica y Parinacota, Arica, Camarones
Referencia Localización: 
Poblado de Parcohailla, en las cercanías del Salar de Surire, a los pies del nevado Chuquiamata.
Categoría: 
Monumentos Históricos
Tipología: 
  • Inmueble
  • Equipamiento
  • Religioso / Ceremonial

Para contextualizar la realidad aymara actual en la pre cordillera de Arica, resulta imperativo referirse a los procesos históricos prehispánicos, coloniales y republicanos, ya que desde esta perspectiva hay una mejor comprensión de los valores que median en la apropiación del entorno, de la cultura material y en el desarrollo de la vida social por parte de estas sociedades.
Dentro del piso serrano o pre cordillera de Arica (3000 o 4000 msnm) las diversas quebradas que manan desde la puna hacia el pacifico constituyen en el espacio altitudinal de mayor biodiversidad tanto florística como animal, y en este sentido se plantea como un escenario que permite un asentamiento humano permanente. En este sentido, la documentación arqueológica señala que estas quebradas, donde actualmente se emplazan los pueblos y sus iglesias, constituyeron corredores naturales por donde tempranamente, a partir del 11 o 9000 AP las sociedades cazadoras y recolectoras se desplazaban desde las tierras altas hacia la costa como parte de sus circuitos de movilidad estacional. Por ello, la apropiación cultural del paisaje serrano constituye un conocimiento milenario, en el que los habitantes, más allá de los diferentes contextos históricos y hasta la actualidad, incorporan los diferentes elementos de la geografía y las prácticas cotidianas o de subsistencia reproduciéndolas en su cosmovisión.
Sin embargo es a partir del siglo XI cuando comenzamos a vislumbrar arqueológicamente un proceso muy nítido de densificación demográfica de la sierra por parte de los agricultores provenientes de los sectores bajos de estas mismas cuencas. Aunque los investigadores aun reconocen vacíos e incongruencias para explicar procesos de cambio, los asentamientos fundados después del 1200 DC responden a una nueva dinámica social, política , económica e incluso ideológica generada a partir del colapso de Tiawanaku y la consiguiente intensificación de las relaciones con el altiplano circundante, relaciones que superan el ámbito económico y que sugieren una integración ideológica y una participación activa por parte de estos agricultores vallunos en la dinámica de complementariedad propia de los andes centro sur, antes de la invasión española. En este sentido la economía comunal y diversificada propia de los momentos anteriores, aparece ahora focalizada principalmente en l producción de maíz como bien de cambio.
Los españoles en el siglo XVI aprovecharon las jerarquías preexistentes otorgando a sus jefes locales o curacas el rol mediador entre la corona y la población indígena. No obstante, este proceso no solo involucra una imposición cultural y religiosa si no también una estrategia de dominación fundado en la intolerancia religiosa, el racismo y en definitiva el desprendimiento de facto de las tradiciones ancestrales catalogadas a menudo demoniacas. Un mecanismo adecuado y tremendamente eficiente fue la formación de reducciones o pueblo de indios, donde reunieron la mano de obra indígena antes dispersa en los valles o asentada en sus propios poblados, con lo que se facilitó las tareas de educación y evangelización.
Se confirmó entonces que desde los primeros años de presencia española en el norte de chile la productividad española se superpuso a la territorialidad indígena preexistente bajo una lógica de relación que legítimo la violencia, la represión y la explotación hasta la muerte. Los recursos tradicionales como el maíz, el ají, el algodón, el ganado, el pescado, y la minería fueron reorientados en términos económicos y productivos, utilizando las rutas de tráfico preexistentes, no obstante lo anterior implica la eliminación total del sistema indígena de distribución y circulación de los bienes, basado en la ocupación multiétnica de los espacios y la concepción archipielagica del territorio, si no que aparentemente ambos esquemas se superponen y funcionan durante los primeros siglos del régimen colonial.
Muchos de los pueblos actuales ubicados en la sierra de Arica se fundaron en este contexto de las reducciones entre ellos, Lluta, Socoroma, Tocoroma (Belén), Saxamar, Timar, Codpa, entre otros y posiblemente también los pueblos de Camarones, considerados en el presente estudio. A este contexto se asocia también el primer proceso de construcción de iglesias cristianas en la región ariqueña, las que a menudo se erigieron sobre sitios ya significativos para la tradición local, como un símbolo evidente de la imposición religiosa.
En las décadas siguientes y durante todo el siglo XVIII dos son los procesos de mayor interés: el de extirpación de idolatrías y las rebeliones indígenas lideradas por Túpac Amaru en contra de los abusos y explotación laboral a las cuales estaban sometidos los indígenas. En ambos casos la represión fue brutal, no obstante , fue recién en estos momentos cuando salen a luz las más ricas descripciones entorno a los cultos y ritos indígenas ligados a la tierra y malkus y otras divinidades menores, menospreciados por los cronistas del siglo XVI.
Luego de las rebeliones indígenas que desembocaron en una serie de medidas por parte de la corona principalmente relacionadas con la abolición de la antigua jurisdicción cacical, comienza el proceso independentista de las colonias españolas en América. De esta manera, es durante el siglo XIX que la nación aymara debe enfrentar la imposición de las fronteras republicanas impuestas por los nacientes estados nacionales, que un comienzo no lograron frenar la migración de los distintos grupos familiares en el marco del concepto de su territorialidad heterogénea. Bajo los ideales liberales del siglo XIX europeo que impulsaron la modernidad en América Latina, a saber libertad, ciudadanía y propiedad privada, entre otros los indígenas ya no representan la fracción derrotada sino que ahora teóricamente pasan a un plano de igualdad ante el estado. Ahora ya no serán indígenas, sino agricultores o peones.
A fines del siglo XIX el auge del salitre abre un nuevo proceso político y económico, marcado por la apertura al mercado internacional y la multiplicación del comercio que acentuó las migraciones hacia afuera, desde las comunidades. El triunfo militar del estado chileno en la guerra del pacifico, se explica en parte por obtener el control de este recurso e implica la entrada de lleno de una economía capitalista y una relación de mercado entre el capital y el campesinado aymara. De aquí en adelante el proceso de chilenización o desaymarizacion llevado a cabo directamente por el estado se fundamentara en la integración forzada atacando directamente el patriotismo peruano y la noción de homogenización, sin reconocer las diferencias culturales, étnicas o regionales. Con la crisis del salitre durante la segunda década del siglo XX, la fuerza de trabajo minera, mayoritariamente indígena y sujeta a relaciones de producción capitalista, habría migrado masivamente hacia las ciudades de Arica e Iquique, probablemente demostrando que el regreso a la ruralización o a la explotación hacendal ya no eran alternativas viables.
Del mismo modo las oficinas salitreras fueron importantes centros de comercialización de los productos agrícolas del interior, de modo que luego de la crisis y el abandono, los agricultores aymaras, ya dependientes de ciertos productos de la ciudad que obtenían en los núcleos salitreros, se vieron obligados a trasladar su producción a los centros urbanos donde se direcciona el comercio.
Las políticas chilenizadoras se extienden hasta 1990 dejando entrever la monstruosa contradicción entre los discursos liberales y las practicas conservadoras, que solo agudizaron el conflicto y asentaron un nuevo colonialismo, ahora representado por los grupos criollos dominantes y la consolidación de su poder y dominación sobre las sociedades indígenas. Deviene un periodo oscurantista marcado por una acentuada intolerancia no solo hacia las sociedades aymaras sino también con los propios peruanos, principalmente profesores y religiosos. La instauración de escuelas en los territorios anexados en conjunto con la acción evangelizadora de la Iglesia Católica chilena asumieron un rol primordial en la chilenización, convirtiéndose en herramientas útiles a favor de los intereses nacionalistas, etnocentristas y racistas de las autoridades chilenas.
Finalmente en los noventa, la promulgación de la ley 19.253 configura un escenario más democrático entre los pueblos originarios y el estado en la medida que, de una asimilación forzada propia de las políticas anteriores, surge ahora un reconocimiento a la diferencia y en este sentido, iniciativas tendientes al fortalecimiento de su propia cultura e identidad.
Contexto cultura actual
Nuestra región de estudio, localizada en la provincia de camarones, región de Tarapacá, corresponde en términos geográficos al macizo andino, sin embargo dicha unidad orográfica se compone a su vez por un sector oriental o altiplano, y un sector occidental o pre cordillera que sirve de nexo entre la cordillera de los andes y la Pampa. El primer ámbito (Parcohailla, Mulluri) pertenece a la estepa altiplánica con pastos, bofedales y cuencas de salares interiores.
El segundo (Guañacahua, tulapalca, Saguara) se desarrolla en las quebradas y oasis del plano inclinado precordillerano. Resulta a la sazón evidente el carácter complementario de las economías de ambas regiones; respectivamente la ganadería y la agricultura. En efecto las comunidades que vivieron y viven actualmente en dichos ambientes ecológicos, se han integrado históricamente en sistemas basados en la reciprocidad y en el acceso a diferentes recursos multi-ambientales.
Entonces el territorio andino implica una noción muy particular de frontera, que se basa consecuentemente en una organización social peculiar, en donde es necesaria la maximización de la fuerza de trabajo mediante un manejo paralelo de una serie de ciclos agropecuarios y el movimiento entre distintos estratos ecológicos. La mano de obra debe ser entonces repartida entre los diversos estratos y sus ciclos, lo que supone una importancia de la tenencia comunitaria y la multiplicidad de modos de cooperación dentro de variados grupos de solidaridad basados en el parentesco, en el ritual, en el culto o simplemente en justificaciones técnicas y productivas.
Las reglas de la reciprocidad -no siempre simétrica- que entraman a la red de asociados, son estrictas, pero las fronteras entre estos grupos son relativamente flexibles. "Un individuo forma parte de asociaciones tan diversas como los pisos ecológicos y los cultivos a los que tiene acceso" al igual que las fronteras ecológicas y territoriales, las fronteras entre estos grupos son elásticas. Es decir la comunidad como entidad sociopolítica, depende de la situación en la cual interviene, haciéndose más estrecha o más ancha conforme las necesidades. Esta variabilidad la define como una categoría casi abstracta, cuya concreción cambia con el tiempo y el espacio, según los ritmos del calendario agropecuario. En otras palabras la percepción del territorio de la comunidad se aprehende de acuerdo a estrategias móviles, que suponen la articulación de pisos ecológicos diversos mediante sus ciclos complementarios.
La relación entre el altiplano y las quebradas, por lo tanto , se concibe como un espacio tradicional en la impronta andina, esto es, la percepción de estratos diferenciados que permiten acceder a diferentes ciclos agropecuarios, los que a su vez son manejados paralelamente como un todo para aprovechar la diversidad ecológica de ciclos productivos diversos pero complementarios. Este manejo paralelo se traduce en mecanismos de residencia múltiple y en complejos arreglos de trabajo comunitario, ya sea a través de mediería o arriendo. Lo que en términos prácticos implica que todas las familias, indistinto de su lugar de residencia, se mueven en torno a ambos estratos.
Desde una perspectiva sociopolítica, las transformaciones que han impactado a la sociedad andina han provocado cambios significativos en su dinámica propia, sobre todo en lo que concierne a la autonomía de sus dirigentes políticos y a la relevancia de sus instituciones sociales. No obstante, permanecen vigentes ciertas lógicas de movimiento que articulan un sistema altiplano -quebradas, el cual se traduce en una serie de relaciones reciprocas entre ambos estratos. De igual manera los movimientos de población hacia los centros urbanos costeros que han ido aumentando crecientemente a lo largo de las últimas décadas, también se ha insertado de acuerdo a éste modelo, es decir acorde a residencias múltiples en diversos estratos ecológicos para el aprovechamiento complementario de sus ciclos productivos, lo que redunda en una serie de derechos y deberes articulados en torno al calendario agropecuario y su dimensión ritual.
Religiosidad popular.
En la cosmovisión andina, la idea del tiempo está estrechamente vinculada con la del espacio. Mientras que el pensamiento occidental procede de una concepción lineal del tiempo, donde el mundo nace de una génesis y se encamina hacia un juicio final (para los religiosos) o hacia la entropía (para aquellos mas científicos); el pensamiento andino, por el contrario, aborda las nociones tempo-espaciales desde una perspectiva cíclica, donde el mundo se renueva constantemente gracias al fértil encuentro de fuerzas opuestas y complementarias a la vez.
En efecto, el principio rector del pensamiento andino es la reciprocidad: el movimiento dual y complementario de las partes que constituyen la totalidad. Todo se devuelve, los elementos que conforman el universo se encuentran entramados en un reciproco vaivén de fuerzas. Es así que existe una tradición andina de especulación filosófica, que entiende el mundo como resultado de un balance entre flujos de energía, que debe ser protegido contra el desequilibrio a través de las intervenciones de los hombres. O, visto desde otra perspectiva, un mundo donde todo lo que ocurre en la naturaleza posee igual corolario en la comunidad, por lo tanto, esta correspondencia ente una y otra encuentra un abanico de actividades rituales y de creencias religiosas, que ofrecen una lógica o racionalidad determinada a través de la cual comprender y manejar las arbitrariedades de la naturaleza. Además dicha forma de pensar está reflejada y reproducida en las estructuras socioeconómicas de las comunidades andinas. De esto resulta una consecuencia: la afirmación de una solidaridad en donde "el orden y la permanencia de una garantizan el orden y la permanencia de la otra". La religión andina se traduce, por lo tanto, en un principio jerarquizador y ordenador de la realidad social.
Así mismo el pensamiento andino - volcado en el ritual y operando por homologías con la naturaleza, la sociedad, la política y la ideología-procede de una conceptualización bastante peculiar del "orden"; entendido éste como un principio de unidad que mantiene al tejido social cohesionado. Cuando "el poder conservador" del orden - aquel que tiende a la estabilidad- alcanza su perfección, se vuelve estéril; por el contrario "el poder genésico", aquel que procede del caos, del desorden, de una infinidad de posibles, genera una fertilidad inagotable.
Concordante al referente simbólico que suponen las prácticas sociales, la tecnología andina cuenta con una dimensión ignorada en la tecnología occidental científica: el correlato simbólico. "el ritual productivo constituye la dimensión simbólica y el marco conceptual de la tecnología andina". Para el hombre y mujer andino, el aspecto simbólico-ritual es el complemento indispensable de la dimensión empírica-experimental de su tecnología; ambos son igualmente necesarios para obtener con mayor seguridad un resultado óptimo de su trabajo. Su observación de la realidad es contemplativa, y el dialogo llevado con fenómenos y objetos personificados lo compromete afectivamente; asimismo, sus normas no son la neutralidad y la objetividad, sino el cariño, la comprensión y el compromiso.
Entonces el discurso aymara es un lenguaje sagrado, semi-secreto, simbólico, que se entrama en el contexto ritual de la tecnología simbólica y luego se prolonga en el contexto empírico del trabajo productivo.
Aunque los pueblos andinos tuvieron que adoptar violentamente la religión cristiana, debido a una campaña coherentemente organizada por la iglesia católica durante la conquista y la colonia; las antiguas creencias y ritos de la religiosidad andina se mantuvieron por medio de "reemplazos", demostrándose de esta manera la fuerza de una cultura milenaria. No se sabe ciertamente que este proceso de transformaciones fue consciente o inconsciente, pero es evidente que las creencias sobre lo divino, el acercamiento y comunicación con ese mundo, traslucen una enorme cantidad de comportamientos propiamente indígenas.
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El entorno del poblado de Parcohailla lo constituye un pasaje un pasaje que comparte características cordilleranas y altiplánicas. Aparentemente el pueblo fue construido en torno al edificio de la iglesia, evidenciando de este modo su data colonial. Se organiza a partir de un eje de acceso en pendiente al poblado y un descampado frente a la iglesia; frente a ésta y más allá del atrio se encuentra este descampado, suerte de plaza que alberga ceremonias religiosas.
Parcohailla es un poblado que se emplaza a un costado del rio del mismo nombre "Parcohailla", inserto en los valles altos de la pre cordillera andina, a pocos kilómetros del salar de Surire. Su orientación dominante es el oriente-poniente en el borde sur del valle del río y bofedal que da origen a este asentamiento.
Parcohailla actualmente es habitado por unas pocas personad pertenecientes a un mismo grupo familiar, pero en años anteriores constituyó un pueblo que contemplo a un grupo mayor de personas, cuyas principales actividades giraban en torno a la Iglesia. Las actividades domésticas y la ganadería. Hoy en día siendo un pueblo cuya actividad económica es eminentemente ganadera, no obstante esta ha mermado debido a la ausencia de fuerza de trabajo producido por las migraciones a los centros urbanos. La trama del poblado se emplaza en la ladera de un plano donde su iglesia aparece en el eje central de la única cale como remate final, construyendo un amplio espacio exterior urbano donde se da la convocatoria masiva de las festividades religiosas.
De alta significación son las cuatro posas (estaciones) dispuesta en los vértices más importantes de su trama, las cuales estructuran el recorrido ceremonial. Estos se ubican en los ejes de encuentro de la calle perimetral que rodean a la iglesia y la explanada del atrio.
Ellos marcan los puntos de "estaciones ceremoniales" en los rituales de festividades del poblado (cuatro direcciones cardinales). Todas las viviendas se ubican en torno a la iglesia con fachadas semi continuas compactas y bajas en altura, supeditadas a la jerarquía de la nave sacra de la iglesia y la contraposición de su campanario.
No hay antecedentes claros de la historia constructiva de la iglesia de Parcohailla. Aparentemente, no han tenido mayores alteraciones. El basamento y zócalo de la iglesia, junto a la torre, son de mampostería de piedra con argamasa de barro. Los muros de la iglesia están revestidos con barro, en tanto, ha perdido su revestimiento superficial emblanquecido a la cal.
La construcción de la Iglesia dataría del siglo XVIII. Según las informaciones entregadas por la Sra. Lucrecia Visa, nacida y criada en Parcohailla y actualmente residente permanente del pueblo, la iglesia ha tenido sucesivas remodelaciones. Los elementos más antiguos son el recinto del templo y el calvario. El templo tenia piso de madera y techo de barro, paja brava y "quenwa" (queñoa) las pinturas murales también son antiguas, originalmente l calvario era de adobe y piedra y tenía una cruz de madera.
Arquitectura
La iglesia está construida en base a muros estructurales de mampostería de piedra labrada con mortero de barro en la parte inferior aproximadamente 1.5 m y de bloques de adobe pegados con mortero de barro en la parte superior, tiene una cadena superior de amarre en base a bloques de adobe, estos muros se apoyan sobre zócalos de piedra, presenta un recubrimiento exterior de barro y cal, el piso interior en base a radier de cemento. El campanario está formado por muros de piedra con barro con recubrimiento en base a estuco de barro, el cierre perimetral que conforma el atrio está compuesto por muros también de mampostería de piedra con barro.
La techumbre es de dos guas y está formada por una estructura de cherchas formando tijerales de pino Insigne con un tirante de pino insigne. Costaneras también de pino insigne y la cubierta formada por una base de paja con barro sobre una membrana, todas las uniones son ejecutadas con amarras en base a tiras de cuero de llama.
Iglesia conformada por una nave simple de forma rectangular de 5.0 x 11.7 m, esta iglesia se conforma por la nave principal, presenta una techumbre de dos aguas con fuerte pendiente. El campanario adosado a la parte delantera sur de la iglesia, este campanario formado por dos niveles casi cuadrados y una cúpula superior, cuenta con un vano de acceso al nivel superior, las dimensiones del nivel inferior del campanario es de 2.2 x 2.4 m. El muro perimetral de 13 x 22.5 m. conforma el atrio con tres accesos dos laterales y uno frontal con un arco de acceso de mampostería de piedra y adobe, la iglesia se ubica al centro de este muro desplazado hacia la parte trasera en el frontis se ubica el calvario.
La fachada principal presenta hacia el centro y en forma simétrica dos pilastras de piedra tallada, sobre ella se forma un arco de acceso con dovelas de piedra y adobe. Técnico - antropológico
Frontis de mampostería de piedra, barro y adobe: Cuenta con un particular trabajo decorativo en piedra y barro, para conformar y realizar el portal de acceso, compuesto por dos pilastras semicirculares adosadas al portal de acceso, destaca el trabajo del revestimiento en barro sobre los elementos de mampostería en piedra y barro que conforman y enmarcan el portal.
Retablo: compuesto por tres calles y dos niveles, con nichos que contienen las imágenes de los santos. Tiene la mesa del altar mayor adosado, tal como era la norma antes del Concilio Vaticano II. De dos pisos y tres calles, presenta nichos donde van los santos de la iglesia. Los retablos presentan un valor cultural y artístico enorme, debido a que su decoración es lo que da la jerarquía a los altares dentro del espacio arquitectónico cristiano, en el retablo están las imágenes principales del altar, y contiene la expresión de los estilos artísticos del momento en que fue elaborado.
Campanario: Construido en mampostería de piedra y barro, el estilo propio el barroco mestizo andino, con pináculos decorativos zoomórficos, en las cuatro esquinas del templete superior, su estructura la compone una primera mesa de acceso al templete superior del campanario, segunda mesa y la cúpula de remate en lo más alto (desprovista de cruz)