Se trata de una edificación representativa del crecimiento alcanzado en Arica entre los años 1950 y 1970, bajo los principios del Movimiento Moderno.
Desde 1950, Arica fue objeto de inversión pública regional mediante planes de diseño moderno, con iniciativas de urbanismo y obras públicas, y una arquitectura que priorizaba el ámbito público mediante obras de edificios colectivos y equipamientos regionales. A la par, se produjo un crecimiento demográfico exponencial que derivó en el diseño del Plan Regulador, como también en la definición de una Arica moderna bajo la gestión de la Corporación del Mejoramiento Urbano (Cormu). En 1953 se implementó la estrategia de Puerto Libre, orientada al desarrollo económico de la ciudad, permitiendo franquicias tributarias y beneficios aduaneros. En 1958 se formó la Junta de Adelanto de Arica, que propició el progreso económico y social de la ciudad y su modernización.
En 1969 se realizó el concurso de la Junta de Adelanto de Arica para la construcción del Terminal, siendo sus ganadores los arquitectos Pablo de Carolis y Raúl Pellegrín. La propuesta buscaba la exploración de formas y sistemas constructivos innovadores; luz y transición entre lo público y lo privado; adaptabilidad del espacio; canalización del transporte de pasajeros y constituir una conexión regional, nacional e internacional.
Su construcción buscaba dotar de equipamiento a la ciudad con un hito urbano en forma, escala y contexto, enfrentando la Av. Diego Portales, puerta de la ciudad y conector con el sur e interior de Azapa. Da la misma manera, se constituyó como un conector a nivel regional, nacional e internacional, con rutas terrestres por la Panamericana Norte y la Av. Diego Portales, con proximidad a las vías férreas que permitían la conexión entre Arica, La Paz y Tacna.
La espacialidad del Terminal busca la vinculación entre el espacio público y el interior, con accesos y vistas dispuestos en torno al bloque de circulaciones central, el cual se destaca con luz cenital configurada desde la cubierta piramidal, la cual se observa hermética desde el espacio público. Su volumetria otorga beneficios para la correcta habitabilidad gracias a su ventilación natural desde la cubierta, generando un efecto chimenea.